domingo, 27 de noviembre de 2011

A menos de tres meses de la próxima cosecha de aceitunas en Argentina, la crisis se endurece

En los últimos tres años la olivicultura argentina ha perdido 30% de rentabilidad y por el momento no se ve una salida concreta al problema.

El escenario ya venía duro pero los problemas económicos de Europa repercuten aún más en el sector. Ocurre que los principales productores mundiales de aceite de oliva y de aceitunas en conserva son España, Grecia, Portugal e Italia. Juntos concentran el 85% de la producción, lo que los convierten en formadores de precios, principalmente a España.

Justamente estas naciones son las que más complicados se encuentran por la crisis económica europea. Esa situación les ha reducido el consumo interno y los lleva a colocar sus excedentes en el mercado externo a precios más bajos y a pagar hasta en 180 días, cuando antes era a 30 días.

De hecho, las aceitunas se ubican entre U$S980 y 1.000 (FOB) la tonelada, cuando el año pasado valían U$S1.400 (FOB).

A este contexto internacional se suma la problemática argentina: Aumento de los costes internos y estancamiento de la cotización del dólar que complican la actividad exportadora.

Hace unas semanas, los productores olivícolas de La Rioja anunciaron que de no mejorar las condiciones, no podrían levantar la próxima cosecha. La advertencia anticipó el reclamo del sector, que tiene a Catamarca, La Rioja, San Juan y Mendoza como principales provincias productoras.

Frente a este panorama, el 15 de noviembre la Mesa Olivícola Nacional, que aglutina a los productores e industriales de las provincias olivícolas y de las que participa Mendoza, llevó su reclamo a la Nación.

Una de las “soluciones” sería buscar otros mercados importadores de aceitunas y aceites distintos de Brasil y evitar así la casi total dependencia del mismo (en 2010 el 88% de ambos productos tuvo este destino) y a ser posible, que esos mercados fuesen países americanos.
 
Otra propuesta sería la de mecanizar las recolecciones para reducir los costes de la mano de obra y ganar competitividad frente a los países mediterráneos, además de evitar que parte de la producción quede en los árboles por problemas de personal.

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